Foto: Alcaldía Aratoca

La vía que comunica a Bucaramanga con San Gil enfrenta una situación crítica en el kilómetro 58, en el sector de Pescadero, donde el avance de la erosión amenaza la estabilidad de este importante corredor nacional.

El deterioro de la banca, provocado por la acción constante del río Chicamocha, ha generado restricciones en la movilidad, obligando a habilitar el paso a un solo carril como medida preventiva. Sin embargo, la preocupación crece entre transportadores, viajeros y habitantes de Santander, quienes advierten que el problema continúa agravándose.

En los últimos días, la difusión de videos en redes sociales evidenció el avance de la fractura del pavimento. La grieta, que inicialmente afectaba uno de los costados de la vía, se ha extendido hacia el carril contiguo, aumentando el riesgo de una posible falla estructural de mayor magnitud.

Este corredor hace parte de la Ruta 45A, una de las principales arterias viales del nororiente colombiano, clave para la conexión entre Santander y el centro del país. Por esta vía transitan diariamente vehículos de carga, transporte intermunicipal y particulares, por lo que una eventual interrupción total tendría impactos significativos en la movilidad y la economía regional.

Representantes del gremio transportador han manifestado su preocupación por el estado actual de la carretera. Conductores que recorren el tramo afectado aseguran que la abertura del pavimento es cada vez más evidente y han hecho un llamado a circular con extrema precaución mientras se adoptan soluciones definitivas.

A estas alertas se suman voces de control ciudadano. Rodrigo Fernández, veedor en contratación en Santander, cuestionó la falta de una intervención estructural y advirtió que, de no actuar con prontitud, el deterioro podría derivar en el colapso del tramo y generar afectaciones graves en la conectividad regional.

Foto: Redes Sociales / Video Comunidad

La emergencia, que completa cerca de dos semanas, sigue evolucionando debido a la socavación constante del terreno. Aunque el tránsito continúa habilitado bajo control, expertos y usuarios coinciden en que, de persistir las condiciones actuales, podrían implementarse restricciones más severas o incluso un cierre total de la vía.

Un escenario de este tipo obligaría a establecer rutas alternas, incrementando los tiempos de desplazamiento y los costos logísticos, además de afectar directamente a los municipios que dependen de este eje vial para su actividad económica.

Ante este panorama, comunidades, transportadores y distintos sectores han reiterado el llamado al Instituto Nacional de Vías para que adelante una intervención técnica urgente que permita estabilizar la banca, contener la erosión y garantizar la seguridad de quienes transitan por este corredor estratégico.

La evolución de esta situación mantiene en alerta a la región, mientras crece la expectativa por una respuesta oportuna que evite una afectación mayor en uno de los principales corredores viales del país.