Hoy a las 5:00 PM hora de Colombia, el país y el mundo entero será espectador de la firma del Acuerdo General para la finalización del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera entre el gobierno de Colombia y las FARC- EP. Después de varios años de negociación en La Habana, finalmente todo está acordado y será firmado. Ahora, espera la refrendación del pueblo colombiano el 2 de octubre.

Esta firma representa el fin de una de las etapas más violentas de Colombia y la esperanza de construir un país distinto. Aunque no sabemos qué significa eso en la práctica, la sola idea debe llenarnos de ánimo y esperanza. Son más de 50 años sin saber lo que es un día sin la intensidad de la guerra, sin acostarnos con reportes de conflicto armado. El primer impacto de este Acuerdo es la reducción de la violencia, pero no es lo único. Cada uno de los puntos de la agenda concertada en Cuba trae consigo compromisos y oportunidades para desarrollar el campo, fortalecer la participación política, reconocer el valor de la memoria histórica y hacer un reconocimiento decoroso a más de ocho millones de víctimas, para así poner en marcha políticas públicas más eficaces que permitan avanzar hacia un estado más moderno, competente y ojalá, más incluyente y solidario.

Hoy Colombia está invitada a hacer un acto de fe que necesita ser refrendado el 2 de octubre con el plebiscito. Estos dos actos representan el banderazo inicial para avanzar hacia el cierre de la profunda brecha que existe en todo el territorio entre la Colombia urbana y la rural; esta última la mayor damnificada de esta lucha armada. La que ha puesto los muertos y ha dejado viudas y huérfanos por doquier.

Por: Ivonne Janeth Pico Flórez.