Informe Corporación Compromiso

Durante años, Santander fue presentado como una excepción dentro del mapa del conflicto armado colombiano. Desde el discurso institucional se consolidó la idea de un departamento seguro, estable y ajeno a las violencias que afectaban a otras regiones del país. Esta narrativa lo posicionó como un “remanso de paz”, una especie de refugio frente a la guerra.

Hoy, esa idea se desmorona.

Este análisis se construye a partir del informe del Observatorio de Paz y Derechos Humanos, desarrollado gracias al trabajo de la Corporación Compromiso, aliada de Resander, cuya labor ha sido clave para documentar, visibilizar y contrastar la realidad del territorio con los discursos oficiales.

Una calma construida desde el discurso

El relato institucional, repetido durante años, consolidó en el imaginario colectivo la idea de que Santander había logrado mantenerse al margen del conflicto. Sin embargo, esta percepción invisibilizó dinámicas emergentes de violencia y limitó la capacidad de reacción frente a nuevas amenazas.

Más que una realidad, la tranquilidad fue una narrativa.

El retorno del conflicto: nuevas dinámicas, viejas violencias

El informe evidencia que Santander ha sido progresivamente reincorporado a una nueva fase del conflicto armado. Lejos de tratarse de un regreso a las formas tradicionales de la guerra, lo que se observa es una reconfiguración de las violencias, más fragmentadas, menos visibles en algunos casos, pero profundamente arraigadas en el control territorial y económico.

Esta nueva etapa se caracteriza por:

  • Presencia y expansión de grupos armados organizados
    Ya no se trata únicamente de estructuras insurgentes tradicionales, sino de organizaciones con lógicas híbridas entre lo militar y lo criminal. Estos grupos buscan consolidar control en zonas estratégicas, especialmente corredores que conectan regiones clave del nororiente del país, lo que convierte a Santander en un territorio funcional para sus operaciones.
  • Consolidación de economías ilícitas
    El conflicto actual está fuertemente ligado al control de rentas ilegales. Actividades como el narcotráfico, la extorsión, el contrabando y otras economías criminales no solo financian a los grupos armados, sino que también reconfiguran las relaciones sociales y económicas en los territorios. El dominio sobre estas economías implica control sobre comunidades, movilidad y vida cotidiana.
  • Aumento de agresiones contra personas defensoras de derechos humanos
    Liderazgos sociales, comunitarios y ambientales se han convertido en objetivos estratégicos. Las amenazas, hostigamientos y asesinatos buscan debilitar procesos organizativos y eliminar resistencias locales frente a intereses armados y económicos. Esto genera un efecto de silenciamiento y miedo que afecta directamente la participación ciudadana.
  • Incremento alarmante de feminicidios
    La violencia de género se profundiza en contextos de conflicto. El informe muestra cómo los feminicidios no pueden leerse de manera aislada, sino como parte de un entramado de violencias donde las mujeres enfrentan riesgos diferenciados, tanto en espacios privados como en dinámicas territoriales atravesadas por actores armados.

En conjunto, estas dinámicas configuran un escenario complejo en el que la violencia no desapareció, sino que mutó hacia formas más difusas, menos visibles en el discurso oficial, pero igualmente —o incluso más— dañinas en la vida cotidiana de las comunidades

El Bajo Rionegro: una alerta que se hizo realidad

Uno de los casos más críticos es el del Bajo Rionegro. En 2025, la Defensoría del Pueblo emitió la Alerta Temprana 016, señalando riesgos estructurales persistentes para la población civil.

No obstante, ya desde 2023 se había advertido sobre la expansión del Clan del Golfo en la zona. La falta de respuesta efectiva por parte del Estado permitió que el riesgo se materializara y que los grupos armados consolidaran su presencia.

El informe también señala debilidades en la articulación institucional, con niveles de cumplimiento bajos frente a las recomendaciones de prevención, lo que contribuyó a la continuidad de las amenazas.

Un territorio estratégico en disputa

La importancia del Bajo Rionegro radica en su ubicación geográfica:

  • Conexión con el valle del río Magdalena
  • Acceso a corredores viales estratégicos
  • Cercanía a Bucaramanga y Barrancabermeja
  • Rutas clave para el tráfico de drogas, armas y contrabando

Estas condiciones lo convierten en un punto de alto interés para actores armados, que buscan controlar economías ilícitas y expandir su influencia territorial.

Nuevos escenarios de riesgo

El informe identifica escenarios que profundizan la crisis:

  • Expansión del Clan del Golfo hacia nuevas zonas
  • Disputas con otros grupos armados por corredores estratégicos
  • Reconfiguración del conflicto en áreas previamente consideradas “estables”

Esto demuestra que Santander no está al margen del conflicto, sino inmerso en una nueva etapa del mismo.

La ilusión del “remanso de paz”

La idea de Santander como territorio tranquilo aparece hoy como una construcción discursiva que no logró reflejar la complejidad del territorio.

La violencia no desapareció: se reconfiguró, se desplazó y, en muchos casos, se invisibilizó.

Un llamado urgente

El informe, impulsado por la Corporación Compromiso, no solo desmonta una narrativa, sino que plantea la necesidad de:

  • Reconocer la realidad del conflicto en Santander
  • Fortalecer la respuesta institucional
  • Proteger a las comunidades y liderazgos sociales
  • Visibilizar las violencias que persisten en el territorio

Santander ya no puede seguir siendo entendido como un “remanso de paz”. La evidencia demuestra que esa imagen fue, en gran medida, una ilusión sostenida por el discurso.

Hoy, reconocer esa realidad es el primer paso para transformarla. Y en ese proceso, el trabajo de organizaciones como la Corporación Compromiso y su alianza con Resander resulta fundamental para poner en el centro las voces y experiencias de quienes habitan el territorio.

Fuente: Informe Corporación Compromiso