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Cada 7 de diciembre, Colombia se transforma en un país de luces. El Día de las Velitas, una de las celebraciones más arraigadas entre los colombianos, marca el inicio emocional de la temporada decembrina y se ha consolidado como un símbolo cultural que trasciende creencias. Aunque sus orígenes están asociados a un acontecimiento religioso del siglo XIX, la tradición evolucionó hasta convertirse en un rasgo de identidad nacional que une a familias, comunidades y generaciones dentro y fuera del país.
El acto de encender velas y faroles se volvió un lenguaje propio de los colombianos: un gesto sencillo que representa cercanía, memoria, celebración y arraigo. En calles, balcones, aceras, parques y plazas, las luces pequeñas crean un paisaje que, para muchos, es un recuerdo de infancia y para otros, una forma de conectar con sus raíces cuando están lejos de casa. Hoy, hablar del Día de las Velitas es hablar de cultura, tradición y sentido de pertenencia.
Una tradición que también define a los colombianos en el exterior
En las comunidades migrantes, esta fecha se ha convertido en un “marcador de identidad”: encender una vela el 7 de diciembre es un acto que los distingue y les recuerda quiénes son. En ciudades como Madrid, Nueva York o Buenos Aires, muchos colombianos mantienen viva la costumbre como un puente emocional con su país, demostrando que la tradición ya no pertenece solo al ámbito religioso, sino que hace parte del ADN cultural de Colombia.
La celebración en Santander: velas, faroles y encuentros comunitarios
En el departamento de Santander, el Día de las Velitas conserva un carácter profundamente familiar y comunitario. En municipios grandes y pequeños, las personas se reúnen temprano para decorar las fachadas de sus casas con velas, farolillos y figuras elaboradas artesanalmente. Es habitual ver calles completas organizadas para encender las luces al mismo tiempo, compartir comidas tradicionales y realizar pequeñas actividades barriales.
En ciudades como Bucaramanga, Floridablanca, San Gil o Socorro, los parques principales se llenan de familias que se acercan para encender velas en conjunto, participar en actividades culturales o disfrutar del paisaje iluminado. En los pueblos, la celebración adquiere un aire más tradicional: se elaboran faroles de colores, se comparten tamales, natilla y buñuelos, y se realiza una especie de “vigilia familiar” que se convierte en un momento de encuentro intergeneracional.
La noche del 7 de diciembre para los santandereanos no solo es luz: es música, comida, conversación y un fuerte sentido de comunidad.
Un símbolo que perdura
Más allá de credos o prácticas particulares, el Día de las Velitas permanece porque representa lo esencial de la cultura colombiana: la familia, la unión, la esperanza y la capacidad de transformar lo cotidiano en un motivo de celebración.
En un país diverso y cambiante, esta tradición continúa siendo un espacio común, un momento para iluminar la vida propia y la de quienes amamos.
Escrito por: Daniel Díaz Ardila


