
Foto: Revista CAMBIO
Mientras el mundo busca acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los compromisos del Acuerdo de París, América Latina comienza a destacarse como una de las regiones con mayores avances en transición energética. En este contexto, Colombia figura entre los países latinoamericanos que más han fortalecido su matriz energética a partir de fuentes renovables, superando incluso a economías europeas como Alemania y Francia.
Uno de los factores que explica este avance regional es que, a diferencia de otras zonas del mundo donde el debate sigue centrado en reducir la dependencia de los combustibles fósiles, en América Latina una proporción significativa de la electricidad ya se genera a partir de energías limpias, especialmente hidroeléctricas. Países como Paraguay y Costa Rica se han consolidado como referentes en este ámbito, mientras que Brasil ocupa el tercer lugar regional, con una red eléctrica alimentada en cerca del 90 % por fuentes renovables.
Aunque las proyecciones internacionales indican que más de un tercio de la generación eléctrica mundial provendrá de energías renovables este año, los expertos coinciden en que las metas globales aún están lejos de alcanzarse. En este escenario, el desempeño colombiano resulta relevante. Si bien el país es superado por siete naciones de la región en generación renovable, se ubica por encima de países que tradicionalmente se consideraban líderes en transición energética.
De acuerdo con Julio César Vera, presidente de XUA Energy, Colombia ha dado pasos significativos hacia una matriz energética más limpia, no solo por su histórica dependencia de la energía hidroeléctrica, sino también por el crecimiento sostenido de otras fuentes renovables. Actualmente, el país cuenta con una capacidad instalada superior a los 2.500 megavatios, una cifra que contrasta con los apenas 200 o 300 megavatios registrados hace algunos años.
No obstante, el avance no está exento de desafíos. Vera advierte que uno de los principales retos sigue siendo el sector transporte, donde los combustibles fósiles continúan representando más del 40 % del consumo energético, lo que mantiene altos niveles de contaminación. La movilidad sostenible aparece así como una tarea pendiente dentro del proceso de descarbonización.
Pese a estas dificultades, el panorama regional refuerza la idea de que América Latina puede desempeñar un papel clave en la transición energética global. El hecho de que, en la mayoría de los países latinoamericanos, el uso de energías renovables supere al de las fuentes convencionales abre oportunidades para consolidar modelos de desarrollo más sostenibles y resilientes frente al cambio climático.


