En un escenario donde la desinformación puede propagarse tan rápido como un clic y donde los discursos polarizantes encuentran plataformas para multiplicarse sin control, los medios de comunicación se convierten en actores esenciales para proteger la salud democrática. En este contexto, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), la Registraduría Nacional del Estado Civil, el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Misión de Observación Electoral (MOE) presentaron la Guía de Integridad de la Información en Contextos Electorales, un documento que pone sobre la mesa orientaciones claras para fortalecer el ecosistema informativo del país durante las elecciones.

La Guía no solo habla de principios técnicos: es, sobre todo, un recordatorio del papel ético, social y político que asumen los medios cuando informan en un periodo decisivo para el futuro del país. Y es, además, una invitación a quienes trabajamos en comunicación ,periodistas, editores, creadores de contenido, medios comunitarios, emisoras locales y plataformas digitales, a reflexionar sobre la responsabilidad que implica cada titular, cada nota, cada publicación y cada video que llega a la ciudadanía.

La información electoral: un asunto público que demanda rigor

Durante las elecciones, la ciudadanía se enfrenta a una avalancha de mensajes, rumores, campañas, contra-campañas, videos manipulados, montajes, imágenes creadas con inteligencia artificial y afirmaciones que, si no se contrastan, pueden distorsionar el debate democrático.

De allí que la Guía insista en dos pilares indispensables:

  • La veracidad, entendida como la obligación de entregar información verificable y sustentada.

  • La imparcialidad, que exige equilibrio, contraste de versiones y un tratamiento justo de los hechos.

Ambos principios no buscan limitar la libertad de expresión, sino evitar que el ruido, el engaño o las narrativas malintencionadas dañen la conversación pública y afecten la capacidad de la ciudadanía de tomar decisiones informadas.

Veracidad: el compromiso del periodismo con la evidencia

La veracidad no implica infalibilidad. Ningún periodista o medio está obligado a poseer la verdad absoluta. Pero sí debe actuar con diligencia, rigor investigativo y contraste de fuentes.

En tiempos electorales esto significa:

  • Verificar datos, no solo repetirlos.

  • Consultar fuentes confiables (preferiblemente oficiales o contrastadas).

  • Ser transparente sobre las limitaciones de la información.

  • Corregir errores con la misma visibilidad con la que fueron publicados.

  • Evitar confundir hechos con opiniones.

Si la información no es verificable, no debe presentarse como un hecho. Y si se trata de una opinión, debe quedar claro para la audiencia.

Imparcialidad: contar todas las caras de la historia

La imparcialidad no es ausencia de criterio ni una renuncia a interpretar la realidad. Es la capacidad de narrar los hechos sin favorecer a un actor político ni ocultar una parte relevante de la historia.

Para los medios, esto exige:

  • Buscar varias versiones del mismo hecho.

  • Evitar juicios de valor en notas informativas.

  • Diferenciar con claridad información, análisis y opinión.

  • Ser transparentes con sus líneas editoriales.

  • Revelar posibles conflictos de interés.

  • Separar contenidos periodísticos de publicidad o propaganda.

La imparcialidad se transforma en un servicio público: el cual permite que la ciudadanía pueda tener acceso a una visión mucho más amplia , equilibrada y con un contexto completo, que pueda aportar mas claridad, que es indispensable para decidir libremente.

Medios de comunicación: un contrapeso necesario en democracia

La Guía recuerda que los medios públicos, privados, alternativos y comunitarios, son un pilar del pluralismo informativo. Sin ellos, la ciudadanía quedaría expuesta únicamente a la voz de los partidos, de los candidatos o de actores con intereses particulares.

Por eso, su papel en elecciones es doble:

1. Vigilar y fiscalizar el poder

se trata de:

  • Examinar propuestas.

  • Contrastar discursos.

  • Preguntar con rigor.

  • Evitar repetir narrativas sin contexto.

  • Cuestionar afirmaciones dudosas.

  • No caer en el juego de la desinformación emocional.

2. Garantizar espacios para todas las voces

La democracia no se edifica desde una sola orilla. El pluralismo exige:

  • Visibilizar puntos de vista diferentes.

  • Garantizar acceso equitativo a los debates.

  • Dar presencia a minorías, sectores marginados y oposición.

  • Evitar silenciar voces por conveniencia económica o política.

Cómo cubrir política de manera imparcial, informativa y veraz

La Guía propone un conjunto de prácticas que todo medio —grande o pequeño— puede adoptar:

● Separar hechos de opiniones

Las notas informativas deben limitarse a hechos verificables. Las opiniones van en columnas, editoriales o análisis.

● Explicitar la metodología

Decir cómo se verificó la información, qué fuentes se consultaron y por qué.

● Usar lenguaje neutral

Evitar adjetivos que editorialicen o descalifiquen implícitamente.

● Contrastar versiones

Siempre preguntarse: ¿A quién no le he pedido su versión? ¿Qué perspectiva me falta?

● Identificar contenidos pagados

La publicidad política debe estar claramente marcada.

● Evitar sensacionalismo

El “ruido” desinforma, eleva tensiones y reduce la calidad del debate.

● Ser transparentes

Los medios deben permitir que la audiencia conozca su línea editorial y sus financiadores.

● Capacitarse en alfabetización mediática

La verificación y la ética son habilidades que deben actualizarse constantemente.

El reto: recuperar la confianza

Hoy, gran parte de la ciudadanía desconfía de la información que recibe. Esto no se resuelve con discursos, sino con prácticas consistentes:

  • Reconocer errores y rectificarlos.

  • Escuchar a las audiencias.

  • Entender los riesgos de la tecnología (IA, bots, bodegas digitales).

  • Priorizar el interés público sobre la viralidad.

  • Ser conscientes del impacto que tiene cada contenido en la conversación social.

Los medios no son simples transmisores: son guardianes de la memoria pública, narradores del presente y mediadores del debate.

Una tarea compartida: proteger la democracia

La integridad informativa no es exclusiva de periodistas: también es responsabilidad de partidos, candidatos, instituciones, plataformas digitales y ciudadanía. Pero los medios, por su alcance e influencia, ocupan un lugar especialmente sensible.

Informar de manera honesta, equilibrada y rigurosa no es una opción: es un deber democrático.

En tiempos electorales, el país se encuentra en un momento crucial, decidiendo su futuro y   os medios tienen la oportunidad y la obligación de elevar la calidad del debate, recuperar la confianza y garantizar que la verdad, el contexto y la pluralidad sean las banderas que guíen cada noticia.

 

Fuentes: MOE

 

Escrito por: Daniel Díaz Ardila.