En la vereda Aguafría, municipio de Ocamonte, la educación ha trascendido las aulas para convertirse en una verdadera escuela de vida. Allí, docentes, estudiantes y familias de la Institución Educativa Aguafría han unido esfuerzos en torno a un propósito común: proteger la tierra, rescatar las tradiciones y fortalecer la identidad ambiental de su territorio.
Bajo el nombre “Somos Herencia Ocamontana” (SOHEOC), el proyecto ambiental escolar de esta institución se ha transformado en un ejemplo de compromiso comunitario. Liderado por la docente de Ciencias Naturales Jenny Paola Ramírez Becerra, el programa promueve la participación activa de toda la comunidad educativa, articulando acciones de cuidado ambiental, sostenibilidad y preservación cultural.
Aunque el Proyecto Ambiental Escolar (PRAE) es un requisito nacional, en Ocamonte logró convertirse en una experiencia viva que trasciende los muros del colegio. Este esfuerzo colectivo ya ha sido reconocido en escenarios regionales y nacionales: la institución obtuvo el primer lugar en los Premios Naturalistas UIS 2024 y fue finalista en Eco Colegios y el Premio Ambiental BIBO 2025.
Según la docente, el mayor logro es la transformación de sus estudiantes. “Hoy existe una verdadera cultura ambiental en la institución. Los jóvenes se sienten responsables de su entorno y han encontrado oportunidades para crecer personal y colectivamente”, destaca Ramírez.
El proceso comenzó con una alianza con el evento deportivo Kilómetro Vertical La Jabonera, que inspiró a los estudiantes a implementar pequeñas acciones como la creación de pacas biodigestoras y la clasificación de residuos. De allí nació la iniciativa “Eres Aguafría”, un programa que fomenta la correcta gestión de desechos, el aprovechamiento del material reciclable y la venta responsable de residuos aprovechables en San Gil.
Las acciones también se extienden más allá del aula: jornadas de recolección de tapas para la Fundación Sanar, talleres de reciclaje de papel con artesanas de Barichara y el “Viernes de bolso ecológico”, donde los estudiantes elaboran sus propios bolsos reutilizables para reemplazar el plástico. Incluso, organizan una feria de intercambio, donde los niños donan y canjean ropa o juguetes en buen estado, fortaleciendo la solidaridad y el consumo responsable. 
El proyecto cuenta con un segundo eje llamado “Herencia Ocamontana”, enfocado en el reconocimiento del patrimonio natural y cultural. A través de caminatas ecológicas, visitas a acueductos, jornadas de avistamiento de aves y actividades como la siembra del guayacán amarillo, árbol insignia del municipio, los jóvenes aprenden a valorar su entorno y a cuidar los recursos que sustentan la vida.
Además, los estudiantes han creado un vivero escolar con especies nativas que ayudan a proteger las fuentes hídricas, y participan en encuentros intergeneracionales en el ancianato local, donde escuchan y registran las historias, recetas y saberes de los adultos mayores.
El proyecto culmina cada año con una feria de emprendimiento, donde los estudiantes presentan productos inspirados en los conocimientos locales: yogures vegetales, derivados del café y cacao, y propuestas sostenibles que reflejan el talento y la creatividad rural.
“Herencia Ocamontana” es más que un proyecto ambiental: es una apuesta por formar generaciones conscientes, orgullosas de su territorio y comprometidas con la construcción de un futuro sostenible para Santander.
Fuente: Vanguardia
Escrito por: Daniel Díaz Ardila


